Fundado el 18 julio de 1948 -

Por Rafael Cano Giraldo -1948-1981

Publisher: Zahur Klemath Zapata - 1981 –

 

 

 

Las opiniones expresadas por los columnista son de su exclusiva responsabilidad y no comprometen el pensamiento de El Imparcial

 
 

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EDITORIAL

 

Pereira, Colombia - Edición: 13.877-1457

Fecha: Miércoles 01-07-2026

 

Un país de apátridas y se ríen de su ignorancia

 

Por: Zahur Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com

 

La ignorancia es tan grande que podemos mirar las estrellas y nos dicen que el universo es cuadrado. En Colombia si se levanta una piedra salen sanguijuelas como los antipatriotas que salen a corromper lo poco bueno que existe. No nos sorprendemos de este señalamiento acusatorio. Este vocablo desapareció del lenguaje cotidiano de las gentes, porque todo se volvió normal.

Cuando se saquea el erario y le roba a todos los ciudadanos que pagan impuestos, ese saqueador es un antipatriota, cuando se usa los bienes sociales para bien personal, es un antipatriota. La corrupción la generan los antipatriotas porque creen que no están haciendo ningún daño a la nación.

En el pasado a estos personajes se les fusilaba y hoy se les aplaude y se des da casa por cárcel. Esta descomposición nacional es como una bola de nieve que rueda sin fin, al final viene la avalancha inexorablemente.

Los colombianos cada día se ponen más alertas sobre el manejo de la cosa pública,

 

 

 

aunque quisieran hacer algo para detener esta corrupción les es imposible porque desde arriba es de donde viene la avalancha.

 

No existe un mecanismo en el sistema estatal para el manejo eficiente contra los antipatriotas o la corrupción porque todo ya está corrupto y por más leyes que se hagan siempre ellas tienen su forma de deshacerlas.

En esta elecciones ha habido una corrupción que no hay forma de controlarla porque los protagonistas son los que han hecho las leyes y tiene el poder porque no va a haber nada que los detenga. El solo hecho de sentarse a negociar los votos de otras agrupaciones para obtenerlos es corrupción. El dar una camiseta, almuerzo, un tamal, una teja etc. Está comprando votos y eso es corrupción y ser antipatriota.

 

Si los electores creen en el candidato y su programa, no necesita comprarle el voto, él va y cumple con su deber de votar y aportar a la campaña y no a la inversa. Las inversiones de grandes capitales en una campaña es buscando recobrar la inversión a un precio tan alto que menoscaba el bienestar de todos.

 

Habías pensado que si el político de da algo, no te lo da de gratis, siempre estará esperando al final meterte la mano al bolsillo, con impuestos, predial, valorización, rodamiento, el 19%, el 4Xmil, peajes, comparendos, etc.

 

 

 

 

SOMOS MÁS BERRACOS

 

Crónica #1382

 


Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

Audio: https://youtu.be/qnFwPGwM3Wo

 

El espantoso doblete de terremotos en Venezuela nos ha permitido valorar la berraca capacidad y estructura que el Estado y los ciudadanos colombianos tenemos para afrontar situaciones límites y tragedias como las que viven allá.

Nosotros aprendimos de la hecatombe del Ruiz y del terremoto de Armenia. Después de esos momentos dramáticos montamos el Servicio Geológico y las oficinas de prevención y administración de desastres y cuando lo de Armenia el Forec, conjugando gobierno, empresas y ciudadanos del común para reconstruir.

Hemos aplicado normas de sismoresistencia a los edificios y realizado numerosos simulacros para medir la velocidad y eficiencia de la reacción, generando cultura.

En Venezuela, de donde salieron despavoridos 7 millones de personas huyendo del chavismo, no quedó ni berraquera ni estructura porque lo que habían conseguido con los borbotones de plata del petróleo o lo despilfarraron o lo gastaron en ascender la figura del caudillo o se lo dejaron robar.

Es increíble que no tengan ni red sismológica ni maquinaria amarilla ni cuerpos de socorro y, lo que es peor ni presidente. La señora que los gringos dejaron es una pobre inútil a quien le quedó grande el país y por ende el problema vivido.

Lo poquito que han podido hacer para actuar morigerando los efectos, lo logran alcaldes y gobernadores. De la misma manera, el Estado y los ciudadanos colombianos resultamos también dando cátedra mundial de cómo celebrar elecciones democráticas tan impecables que hasta el buchipluma del presidente que tenemos tuvo que doblegarse a las cifras arrojadas.

Somos más berracos que muchos vecinos, no hay duda. Tanto que a veces pienso que con Abelardo de presidente y apoyado como está por Trump, podríamos ir ondeando las verdaderas banderas bolivarianas y asumir en breve la administración unificada de Venezuela para ir renaciendo la Gran Colombia de Bolívar.

El Porce, junio 30 del 2026.

 

 

 

EDITORIAL

 

 

¿El Oro Verde o una Ilusión Óptica? La Realidad de la Transición Económica

 

La narrativa de reemplazar los ingresos del petróleo y el carbón con el turismo se ha convertido en el discurso favorito de la política económica contemporánea en Colombia. La idea de cambiar chimeneas por paisajes y pozos de extracción por reservas ecológicas es innegablemente atractiva. Sin embargo, cuando la retórica se enfrenta a los balances financieros reales de la nación, el panorama revela desafíos de infraestructura y seguridad pública que no se pueden ignorar con discursos bien intencionados. Para un país cuyas exportaciones dependen en más del 40% de los hidrocarburos, la transición hacia el llamado "oro verde" requiere mucho más que buenas campañas de mercadeo internacional; exige una transformación estructural profunda que apenas ha comenzado.

La primera gran barrera es la escala económica. Las divisas generadas por la industria minero-energética sostienen la balanza de pagos y financian una parte sustancial del gasto social del Estado colombiano. Para que el sector turístico logre equilibrar esa balanza, el país necesitaría triplicar el flujo actual de visitantes internacionales de alto valor. Esto significa pasar de ser un destino emergente a competir directamente con potencias globales del sector. Lograr esta meta es imposible sin una infraestructura aeroportuaria moderna, carreteras intermunicipales seguras y una red hotelera formal que se extienda mucho más allá de las capitales principales, alcanzando las regiones con mayor potencial biodiverso.

A esta complejidad logística se suma el desafío crítico de la seguridad pública. El turismo internacional es un mercado sumamente sensible a la percepción de riesgo. Los recientes brotes de inestabilidad en zonas rurales y el deterioro de la seguridad en centros urbanos clave actúan como un freno inmediato para los viajeros de alto poder adquisitivo. Ningún viajero elegirá las selvas del Guaviare o las playas del Pacífico si no existe una garantía estatal absoluta sobre su integridad física. Por lo tanto, la política de transición económica no puede diseñarse en el vacío; debe estar intrínsecamente ligada a una estrategia de control territorial y pacificación real de las regiones.

Finalmente, el debate debe centrarse en la sostenibilidad del empleo y la formalización. El sector turístico colombiano sufre de altos índices de informalidad laboral, lo que limita su impacto en la recaudación tributaria y la protección social de los trabajadores. Si queremos que el turismo sea el verdadero motor de desarrollo, el enfoque estatal debe priorizar el incentivo a las pequeñas y medianas empresas turísticas locales mediante créditos blandos y capacitación técnica. Colombia se encuentra ante una encrucijada histórica. La meta de una economía descarbonizada es loable, pero forzar marchas sin haber construido las bases de la nueva infraestructura es un salto al vacío que el país no se puede permitir. La transición debe ser gradual, planeada y, sobre todo, realista.

 

   

The Green Gold Dilemma: The Realities of Colombia's Economic Transition

 

The narrative of replacing oil and coal revenues with international tourism has become the favorite discourse of contemporary economic policy in Colombia. The idea of exchanging smokestacks for landscapes and extraction wells for ecological reserves is undeniably attractive. However, when rhetoric faces the nation's actual financial balance sheets, the landscape reveals deep infrastructure and public safety challenges that cannot be ignored with well-intentioned speeches. For a country whose exports depend for more than 40% on hydrocarbons, the transition toward the so-called "green gold" requires much more than international marketing campaigns; it demands a profound structural transformation that has barely begun.

The first major barrier is economic scale. The foreign exchange generated by the mining and energy industry sustains the balance of payments and funds a substantial portion of the Colombian state's social spending. For the tourism sector to balance that scale, the country would need to triple its current flow of high-value international visitors. This means moving from being an emerging destination to competing directly with global powerhouses in the sector. Achieving this goal is impossible without modern airport infrastructure, safe intermunicipal roads, and a formal hotel network that extends far beyond the main capitals, reaching the regions with the greatest biodiverse potential.

Added to this logistical complexity is the critical challenge of public safety. International tourism is a market highly sensitive to the perception of risk. Recent outbreaks of instability in rural areas and the deterioration of security in key urban centers act as an immediate deterrent for high-spending travelers. No traveler will choose the jungles of Guaviare or the beaches of the Pacific if there is no absolute state guarantee regarding their physical integrity. Therefore, the economic transition policy cannot be designed in a vacuum; it must be intrinsically linked to a strategy of territorial control and real pacification of the regions.

Finally, the debate must focus on employment sustainability and formalization. The Colombian tourism sector suffers from high rates of labor informality, which limits its impact on tax collection and the social protection of workers. If we want tourism to be the true engine of development, the state focus must prioritize incentives for small and medium-sized local tourism companies through soft loans and technical training. Colombia stands at a historic crossroads. The goal of a decarbonized economy is laudable, but forcing marches without having built the foundations of the new infrastructure is a leap into the void that the country cannot afford. The transition must be gradual, planned, and, above all, realistic.

 

 

Publisher
Zahur Klemath Zapata

Director

Gongpa Rabsel Rinpoché
Gerente
Laurie Agront
Gerente Operativo
Alba Lucia Arenas V.

Editor

Janier Ándres Aristizábal Calle

Jefe de Redacción

Brahian Stiven Castaño Navales

 

 

 

Diagramación

Rhonal Torres

Consejeros

Luis Enrique Arango Jiménez

Cecilia Caicedo Jurado

Soporte Tecnológico
Aurooj Ali Khan

Jawaad Malik

 

Colaboradores

Jotamario Arbeláez
Gustavo Álvarez Gardeazábal

Edgar Cabezas

 

 

 

Gustavo Pérez González

Guillermo Navarrete Hernández
Iván Pulido

Agustin Perozo

Cesar Augusto Valencia
CONTACTO
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